jueves, 19 de febrero de 2009

Blythe Crochetting

A través de este blog quiero compartir con vosotros otra de mis aficiones: coleccionar muñecas Blythe. Se trata de unas muñecas que fueron lanzadas al mercado en 1972 y tuvieron que ser retiradas al cabo de un año porque a los niños les daban miedo y nadie las compraba. Décadas más tarde, en Japón (¡cómo no!), tuvo lugar su relanzamiento, esta vez con gran éxito. En Europa de momento sólo se pueden adquirir a través de Internet pues aún no están autorizadas para ser comercializadas en el canal retail. Aún así, existe una tienda en Barcelona donde las venden pero mucho más caras que a través de webs como e-bay o MissBlythe.com.
Existen las Blythe de tamaño normal y las Petite Blythe, que deben medir unos 10/11 centímetros. Las Petite encuentro que, pese a ser la versión en miniatura de las Blythe, tienen las facciones algo más suaves y dulces que sus hermanas mayores. Las grandes tienen una cara más freak y algunas son realmente inquietantes. A ello contribuye el hecho de que poseen un mecanismo que les permite cambiar el color de sus ojos y la dirección de su mirada a través de una pequeña argolla que tienen detrás en la cabeza, cosa que no sucede con las pequeñas. De momento, mi mini colección de Petite Blythe se compone de cuatro muñecas: Amanda, Chiara, Zoé y Valentina.
Sus características invitan a vestirlas, a peinarlas, a customizarlas y, por qué no, a confeccionar complementos exclusivos para ellas como estos gorritos y bufandas de crochet que elaboré en un par de ratos muertos. Los hice sin seguir ningún patrón concreto y guiándome por la instuición y por las medidas de mis Blythe. Para ser aún inexperta en el mundo del ganchillo, creo que el resultado es aceptable. ¿Vosotros qué opináis?

Primeras labores

El jueves pasado inicié mi curso de ganchillo en una tienda de labores de mi barrio. La profesora, Maribel, es una señora experta en todo tipo de labores. Tan pronto te enseña a hacer una colcha de patchwork como una toalla a punto de cruz como, en mi caso, labores de ganchillo. Pese a que todas mis compañeras de curso me doblan la edad, este hecho no me impide disfrutar de las dos horas de clase y observar como, a veces, las labores pueden ser y son una buena excusa para que un grupo de mujeres se reúna cada jueves y charlen sobre su vida cotidiana y compartan experiencias, consejos, alegrías y, en algunos casos, también penas. Aquí os muestro mis primeros "pinitos" en el mundo del crochet. ¡El color que no falte!

martes, 10 de febrero de 2009

Los inicios: la madeja

Ya de bien pequeña, me fascinaba ver las cajas y bolsas que mi madre guardaba en casa, llenas de madejas de lanas de diferentes tamaños, grosores y colores junto con agujas de ganchillo y de punto. Recuerdo que, a los 10 años, en el colegio, nuestra profesora de 5º de EGB decidió dedicar un par de horas a la semana a enseñarnos a hacer ganchillo. Cada semana, iba al colegio con mi material: una madeja de hilo de algodón de color rojo brillante y un ganchillo metálico. Todo ello guardado en una caja de hojalata azul de galletas de mantequilla danesas que habíamos comprado en Andorra. Y así fueron mis inicios en el mundo del crochet. Aprendí a hacer cadeneta, punto bajo, punto alto y poco más. Y cuando acabé el curso, cambié de colegio y mi caja azul de galletas danesas se quedó en algún sitio con mi labor de ganchillo dentro. De esto hace ya más de 25 años.
Hace unos meses descubrí, navegando por Internet, que el tipo de labores que mi cabeza había asociado con el ganchillo desde pequeña: los tapetes de la abuela, los salvamanteles, el pelele del bebé, etc. había evolucionado mucho y que en la actualidad existía toda una gama de labores innovadoras y creativas en forma de joyas de ganchillo, amigurumis, complementos para muñecas, bufandas modernas, echarpes, etc. Además, empecé a consultar diferentes blogs internacionales y descubrí una renovada afición entre la gente joven por labores como el ganchillo o el punto. Durante muchos años he sido una gran aficionada al punto de cruz pero ya estaba un poco cansada de sus limitaciones y quería probar más cosas así que pensé: ¿y por qué no vuelvo al ganchillo?. Compré un par de agujas y unas cuantas madejas de lana y empecé a practicar lo que había aprendido en el colegio. Recordaba bastantes cosas pero no las suficientes para desarrollar los proyectos y creaciones que tengo en mente. Por ello, he decidido ir a hacer unas cuantas clases en una tienda de labores de mi ciudad para acabar de dominar las diferentes técnicas y puntos. Empiezo pasado mañana y la verdad es que tengo muchas ganas de poder ir compartiendo con vosotros mis avances, ideas y creaciones en el fantástico mundo del crochet.